¿A dónde irán los besos que no damos?

19 Septiembre, 2014

1-. Miramos el móvil aunque sepamos con seguridad que no hay novedad que lo requiera.

2-. Echamos un ojo a la pantalla aunque estemos en situaciones que necesiten toda nuestra atención.

3-. Recurrimos al teléfono para inmortalizar momentos con tanta frecuencia que hacen que el presente se difumine. Hipotecamos el momento para buscar aceptación de otros en redes sociales.

4-. Intentamos hacer maravillosa nuestra vida a través de las redes sociales cuando en realidad no lo es tanto… y a veces no hacemos nada para mejorarla, aquí y ahora.

5-. Nuestro corazón se descontrola si la batería se agota, aunque estemos en una situación ideal para disfrutar y no sea necesario que tenga carga.

6-. Nos olvidamos de preguntar a nuestro acompañante si le ha gustado la película cuando ésta termina. Preferimos mirar qué actualización hay en Instagram. Eso sí, después colgamos una foto con ese a quien hemos dejado de segundo plato porque preferimos los píxeles del móvil. #truelove

7-. El móvil es lo primero y lo último que miramos en un día cualquiera, pero la frase que decimos en alto es “qué ojos más bonitos tienes”.

8-. Ya no solo no hablamos con nuestros amigos o familia cara a cara, sino que tampoco es con llamadas. Los mensajes son nuestra principal fuente de comunicación y en poco tiempo los labios serán tan poco útiles como los pezones de los hombres. Damos más besos con iconos que con los ojos cerrados.

9-. Despertarse con sed a las cinco de la madrugada, la opción ideal para mirar la pantalla del móvil tras beber agua.

10-. Nos comemos los muñones cuando el móvil se ha quedado en casa y nos planteamos volver a por él aunque lleguemos tarde a la oficina.

11-. La facilidad para decir las cosas por el móvil se convierte en imposibilidad de decir una sola palabra igual en persona.

12-. Creemos que los adictos son todos esos que vemos alrededor con el teléfono entre las manos, mientras dejamos constancia de ello en Facebook, con nuestro móvil, y sonreímos orgullosos por ser los únicos que se salvarán cuando ellos no recuerden cómo se da un beso.

Más información: Libera tu móvil, pero da más besos sin él

 


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