Resumiéndolo en pocas palabras: cuando llamas desesperado por solucionar cualquier problema confías en poder exponerlo a una voz humana, aunque luego el teleoperador de turno no tenga ni idea y termine por darte más y más vueltas. Pero ahora te encuentras con una interminable locución que se convierte en una retahíla de preguntas con respuestas como: “sí, no, otras consultas, este mismo” o parecidos.